8 octubre, 2026

Nueva tensión en la frontera: bolivianos cruzan a Aguas Blancas para cargar nafta

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La crisis por el desabastecimiento de combustibles en Bolivia ya tiene una nueva postal en el norte salteño: personas llegadas desde Bermejo hacen fila en los surtidores de Aguas Blancas, con bidones y botellas, para comprar nafta. El reclamo salteño apunta también a los controles sobre las mercaderías que los vecinos argentinos compran en Bermejo y que no pueden traer a la provincia.

La fotografía de “Willy” Aparicio Vázquez resume en una imagen el nuevo escenario que empieza a instalarse en la frontera entre Salta y Bolivia: una larga fila de personas, algunas con bidones en la mano, espera para cargar combustible en una estación de servicio de Aguas Blancas.

No son solamente automovilistas argentinos. Según el periodista, que se encuentra en la zona, buena parte de quienes esperan llegaron desde Bermejo, del otro lado del río, ante las dificultades para conseguir su “gasolina” en Bolivia.

La escena tiene un efecto particularmente sensible en una frontera acostumbrada a que los precios, la disponibilidad de productos y las diferencias económicas entre ambos países determinen diariamente qué se compra de un lado y qué del otro.

Prioridad para vecinos de Aguas Blancas

Desde el sector de despacho de la estación, consultada por Aparicio Vázquez, señalaron que no existe una restricción para vender combustible a ciudadanos bolivianos, aunque indicaron que se procura priorizar a los vecinos de Aguas Blancas.

“No hay ninguna restricción. Pero también tratamos en lo posible de priorizar a los vecinos de nuestra localidad”, explicó un despachante.

La situación generó un reclamo inmediato entre los habitantes de Aguas Blancas, que plantean una cuestión de reciprocidad.

“Ojalá haya esa reciprocidad con los vecinos de Aguas Blancas que compramos gas envasado, carnes y verduras en Bermejo”, expresó una vecina.

Nafta por alimentos

Lo que hasta hace pocas semanas podía parecer una situación excepcional comenzó a repetirse en los últimos días. Medios de la zona registraron la llegada de habitantes de Bermejo a las estaciones de servicio de Aguas Blancas para conseguir combustible.

El fenómeno tiene una explicación concreta: Tarija atraviesa un problema de abastecimiento de combustibles, con filas persistentes en las estaciones de servicio.

El presidente de la Asociación de Surtidores Privados de Tarija (Asosur), Moisés Hidalgo, informó esta semana que los volúmenes entregados por YPFB continúan siendo insuficientes.

Según sus datos, habitualmente se asignaban entre 160.000 y 180.000 litros diarios de gasolina al departamento del sur de Bolivia. Aunque se informó un incremento hasta unos 200.000 litros diarios, Hidalgo sostuvo que ese volumen no alcanzó para normalizar la situación.

El diesel, otro problema

El problema tampoco se limita a la gasolina/nafta. El incremento del precio del diésel/gasoil comenzó a repercutir sobre el transporte tarijeño y parte de los micros redujo su circulación. Según El País de Tarija, el servicio llegó a operar en torno del 40% en medio de la discusión por una actualización de las tarifas.

La situación llevó además a restringir la venta de gasolina en bidones y a reforzar el control de las cargas repetitivas en los surtidores bolivianos.

La nueva situación plantea un problema diferente.

El objetivo no puede reducirse a controlar los cruces irregulares. La frontera es también un espacio de intercambio económico cotidiano, donde miles de personas dependen de la circulación entre ambos países.

Cruce de ambos lados

La pregunta que comienza a instalarse en Aguas Blancas es cómo compatibilizar esos controles con una realidad que cambia rápidamente: hoy ciudadanos bolivianos cruzan para conseguir combustible argentino, mientras vecinos salteños necesitan comprar determinados productos en Bermejo.

La propia Nación reconoce el carácter particular de Aguas Blancas: una localidad de apenas 3.669 habitantes según el Censo 2022, ubicada frente a Bermejo y cuya vida cotidiana está estrechamente vinculada con el tránsito internacional.

Por eso, la fotografía de Willy Aparicio Vázquez puede terminar siendo algo más que una imagen llamativa de una fila en un surtidor.

Puede ser el primer registro visible de cómo la crisis de abastecimiento boliviana empieza a modificar, nuevamente, las reglas económicas de una frontera que funciona como un solo espacio cotidiano, aunque esté dividida por una línea internacional.

La otra cara: alimentos y productos básicos

La preocupación de los habitantes de Aguas Blancas tiene una particularidad. No es que no quieran que les vendan nafta a los bolivianos, pero quieren el mismo trato cuando cruzan a Bolivia.

La frontera funciona desde hace décadas como un sistema económico de vasos comunicantes. Cuando un producto es más barato o más accesible de un lado, los consumidores cruzan. Esa dinámica se hace especialmente visible en Bermejo-Aguas Blancas, donde existen tanto un paso internacional por puente como el cruce fluvial por chalanas. La propia caracterización oficial de Aguas Blancas reconoce que la localidad vive en buena medida del tránsito fronterizo.

Por eso, mientras ahora los vecinos bolivianos buscan combustible en Argentina, los aguasblanqueños necesitan seguir accediendo en Bermejo a determinados productos, entre ellos alimentos y garrafas.

Piden un trato recíproco

Y allí aparece el reclamo de los vecinos: si Argentina permite que ciudadanos bolivianos compren combustible en sus estaciones, esperan que Bolivia mantenga una circulación similar para los productos que los argentinos adquieren del otro lado.

“Que la Naval 3 no nos quite las mercaderías comestibles a quienes residen en Aguas Blancas. Esa es la reciprocidad que piden los aguasblanqueños”, planteó uno de los testimonios recogidos en la localidad.

El punto requiere una precisión: los controles de las fuerzas de seguridad sobre pasos no habilitados responden a la legislación de cada país y no equivalen necesariamente a una prohibición general de comprar mercadería en Bermejo. En las últimas semanas, sin embargo, sí se produjeron decomisos y enfrentamientos vinculados con el traslado informal de mercaderías en la zona fronteriza.