A 50 años de la Masacre de El Gallinato, la memoria volvió al lugar del horror
A cincuenta años de aquella madrugada de septiembre de 1976, El Gallinato volvió a llenarse de nombres, de fotografías, de recuerdos. No fue solamente un acto conmemorativo. En el lugar donde, durante la última dictadura militar, fueron trasladados y dinamitados cuerpos de personas secuestradas, familiares, organismos de derechos humanos, estudiantes, docentes, autoridades municipales y vecinos se encontraron para hacer algo que durante décadas pareció imposible: reconstruir las historias de quienes fueron perseguidos, asesinados y desaparecidos y devolverles una identidad frente al paisaje que alguna vez fue utilizado como escenario del horror.
El acto se realizó este jueves 24 de septiembre en el Sitio de Memoria de El Gallinato, en el cruce de la ruta nacional 9 con la ruta provincial 11, en el departamento La Caldera. La actividad fue organizada por H.I.J.O.S. Salta con el acompañamiento de la Municipalidad de La Caldera y su Concejo Deliberante, y contó con la participación de integrantes de la Mesa de Derechos Humanos, familiares, representantes de la Universidad Nacional de Salta, organizaciones gremiales, estudiantes y vecinos.

La convocatoria tuvo una consigna sencilla: recordar y homenajear a las víctimas del terrorismo de Estado. A medio siglo de los hechos, el objetivo volvió a ser el mismo que en cada aniversario: mantener abierta la memoria, reclamar verdad y justicia y evitar que los nombres queden reducidos a una fecha.
Sucede que a 50 años la memoria se sigue escribiendo en todos los formatos y con todas las edades. Un acto, un documental, un testimonio, una fotografía o una publicación en redes sociales forman parte hoy de una misma tarea: transmitir lo ocurrido a quienes no lo vivieron.
El Gallinato se encuentra en el departamento La Caldera, en una zona de montaña atravesada por las rutas que comunican el Valle de Lerma con el norte provincial. La Municipalidad ubica al departamento al norte del Valle de Lerma y señala que las cumbres de El Gallinato se encuentran hacia el este del valle de Siancas.

El sitio de memoria se encuentra en el cruce de la ruta nacional 9 y la ruta provincial 11. La propia Municipalidad identifica a la RP 11 como el camino que conduce hacia Gallinato. Allí, a sólo 17 km de Salta ocurrió el horror.
Durante septiembre de 1976, Salta fue escenario de una serie de secuestros, asesinatos y desapariciones ejecutados en el marco del terrorismo de Estado. En la madrugada del 24 de septiembre fue secuestrada Silvia Benjamina Aramayo. Horas después fueron secuestrados Gemma Ana María Fernández Arcieri, su esposo Héctor Domingo “Guilo” Gamboa, Daniel Loto Zurita y Carlos Estanislao Figueroa Rojas. En otro operativo fue asesinado el estudiante Martín Miguel Cobos. Algunos de los secuestrados fueron llevados posteriormente hasta El Gallinato.
Los juicios por delitos de lesa humanidad y los testimonios reunidos a lo largo de los años permitieron reconstruir parte de aquella cadena represiva. El Gobierno de Salta señaló que el lugar fue utilizado para dinamitar cuerpos de personas detenidas-desaparecidas como parte del dispositivo represivo de la dictadura.
La documentación leída durante el acto volvió sobre esa idea: los represores no solamente buscaban matar. También pretendían hacer desaparecer los cuerpos, las pruebas y, con ellas, las historias. No lo consiguieron.
Gemma y “Guilo”
Entre los nombres que vuelven cada septiembre está el de Gemma Fernández Arcieri y su esposo Héctor Domingo “Guilo” Gamboa. Gemma era antropóloga y docente de la Universidad Nacional de Salta. Participaba además de experiencias de alfabetización de trabajadores del Ingenio San Martín del Tabacal. Héctor había tenido militancia política y trabajaba como comerciante. Ambos fueron secuestrados durante esa madrugada.
En su casa quedó su pequeña hija Mariana, de apenas unos meses. Los integrantes del grupo de tareas la dejaron en la calle, frente a la vivienda de un vecino que la recibió y posteriormente logró entregarla a familiares. La historia de aquella niña que quedó sola después del secuestro de sus padres se convirtió con los años en una de las imágenes más dolorosas de aquella represión.

La documentación oficial de la provincia señala que Gemma y Héctor fueron víctimas de los crímenes investigados y que El Gallinato fue utilizado como lugar de exterminio.
La historia tuvo además otro capítulo en el Cementerio de la Santa Cruz. En 1977, Julio Gamboa encontró allí un maxilar y restos de cabello que identificó como pertenecientes a su cuñada Gemma. Los restos, sin embargo, volvieron a desaparecer. El sector fue posteriormente señalizado como sitio de memoria y forma parte de las evidencias vinculadas con los crímenes de la dictadura.
Los nombres y las fechas
La memoria de El Gallinato no habla de números solamente. Habla de personas. Silvia Aramayo tenía 23 años, estudiaba Historia en la Universidad Nacional de Salta y participaba de la Juventud Universitaria Peronista. Daniel Loto Zurita era militante peronista y trabajaba como carpintero, camionero y empleado de comercio. Carlos Estanislao Figueroa Rojas estudiaba Ciencias Económicas y participaba del movimiento estudiantil. Martín Miguel Cobos era estudiante y tenía 18 años cuando fue asesinado durante un operativo policial en el que buscaban a su hermano Enrique.
La sucesión de casos ocurridos entre el 24 y el 25 de septiembre forma parte de un episodio mayor de la represión ilegal en Salta. El Ministerio Público Fiscal explica que durante la dictadura se implementó un sistema clandestino de represión que incluyó desapariciones forzadas, asesinatos, torturas y otros delitos cometidos de manera sistemática contra la población civil.

Por eso, cada aniversario de El Gallinato excede la historia de un único lugar, de la cantidad de víctimas. Es una ventana para mirar lo que sucedió en toda la provincia. Una memoria que también se construye en La Caldera. Entonces la participación del municipio no es nueva.
En 2024, al cumplirse 48 años de los hechos, la Municipalidad de La Caldera recordó oficialmente a las víctimas y destacó la participación de familiares, organizaciones de DDHH, la UNSa y vecinos. En aquella oportunidad, como ahora, el intendente Diego Sumbay llamó a sostener la consigna del “Nunca Más” y volvió a plantear que “la memoria debe ser una política de Estado”.
La frase sintetizó uno de los ejes del encuentro que El Gallinato no sea solamente un sitio al que se concurre una vez al año, sino un espacio desde el cual las nuevas generaciones puedan conocer qué ocurrió.
La memoria de los nuevos desaparecidos
El Gallinato tiene hoy otra marca. Donde hubo explosiones hay nombres. Donde hubo silencio hay testimonios. Donde se intentó borrar los cuerpos hay un sitio de memoria. La Municipalidad de La Caldera describe su territorio como un departamento predominantemente montañoso, atravesado por valles y por las cumbres de El Gallinato. En ese paisaje de cerros, rutas y monte, el lugar conserva una memoria que no está solamente en una placa.
Está en las familias, entre los sobrevivientes, en los vecinos que recuerdan, en las generaciones que llegan ahora a escuchar una historia que sucedió antes de que ellas nacieran. Y también en las nuevas víctimas que son buscadas.
“La memoria de El Gallinato también nos obliga a estar atentos a cualquier forma de violencia institucional, a la persecución,a la criminalización de la protesta y a los discursos de odio. Discursos y políticas de Estado que hoy nos obligan a recordar la desaparición de Jésica Gutiérrez, en otro septiembre trágico, el de 2024. Y seguimos y seguiremos exigiendo saber ¡Dónde está Jésica! Porque luchar por Memoria, Verdad y Justicia es el modo en que manifestamos nuestra resistencias y proyectamos el cambio social que nos merecemos”, dice el documento.
El documental que busca recuperar otras voces
La conmemoración también tiene una dimensión audiovisual. La productora Gemma Malen Pez Gamboa presentó un adelanto del documental en desarrollo “Masacre de Gallinato. Un silencio en el estruendo”. La película busca recuperar testimonios de familiares y amigos de las víctimas, pero también de habitantes de La Caldera y El Gallinato que recuerdan haber escuchado detonaciones durante aquellas madrugadas.
Pez Gamboa tiene además una relación familiar directa con la historia: es descendiente de Gemma Fernández y Héctor Domingo “Guilo” Gamboa.
Según explicó, una de las razones que impulsaron el proyecto fue la necesidad de hacer visible un episodio que considera menos conocido que otros hechos de la última dictadura. La intención es que las nuevas herramientas de registro —cámaras, celulares, audios y redes sociales— permitan ampliar las formas de transmitir la memoria.
Días antes, la Municipalidad de La Caldera había realizado en su Salón Municipal una proyección especial de un fragmento del documental, presentado como un espacio para “mantener viva nuestra historia y memoria colectiva”.

