1 noviembre, 2026

Los “Amigos de la Montaña” y la travesía por la “Cresta del Gallo”

Los "Amigos de la Montaña" y la travesía por la "Cresta del Gallo"

Un viejo sueño del Club Amigos de la Montaña se hizo realidad en octubre de 1976 cuando pudieron unir Estancia “El Rey” y General Güemes, cruzando el cordón montañoso “Cresta del Gallo”, una muralla que con sus 2.327 metros sobre el nivel del mar en cerro Bayo, señala el límite noroccidental del Parque Nacional. El cruce se realizó por una senda de más de 40 kilómetros, la mayor parte sobre una topografía boscosa de difícil acceso y habitado por animales peligrosos.

La travesía se concretó con el apoyo de la Dirección Provincial de Turismo y del Regimiento 5to de Caballería que facilitó un camión Unimog para trasladar a los montañistas y sus equipajes hasta la Administración del Parque Nacional. Partieron desde los cuarteles de la Guarnición Militar local el viernes 8 de octubre a las seis de la mañana y cuatro horas después arribaron a destino, lugar donde el intendente del Parque, señor Benjamín Bossi, los esperó con un sabroso asado. El viaje por la RN34 fue sin inconvenientes pero a partir de Lumbreras, el camino sin pavimento (RP5) estaba en muy malas condiciones a causa de las intensas lluvias caídas por esos días, al igual que el acceso desde Las Víboras a la Administración del Parque.

Descripción

El Parque Nacional “El Rey” creado en 1948, era por entonces uno de los puntos de mayor atracción de la provincia. Su inaccesibilidad por contar con una topografía escabrosa y de difícil acceso, hizo que la riqueza de su flora y de su fauna permanecieran prácticamente inalterable a través de los años. En su geografía se distinguen tres zonas bien definidas: la del valle o lomería, la del bosque alto y las cumbres o prados alpinos. Posee profundas gargantas por donde corren hilos de agua que riegan ambas pendientes de la serranía, y su fauna estaba compuesta por entonces de yaguaretés, corzuelas, monos, coatíes, zorros y tapires, predominando una gran variedad de ofidios y chanchos majanos, muy temidos por su agresividad.

Por todos estos bellos lugares transitaron hace cincuenta años los Amigos de la Montaña, buscando seguir una vieja senda que utilizaban los primitivos arrieros de cuando Estancia “El Rey” era propiedad privada y por allí se arreaba el ganado hacia el Valle de Siancas.

En esta expedición los montañistas prometieron estudiar la flora, la fauna y la topografía de la zona, una investigación que se iba a difundir a través de los informes periódicos que la institución publicaba. Responsable de la travesía fue el ingeniero José Alberto Pintado –por entonces, reciente vencedor del Aconcagua por el Glaciar de los Polacos y expedicionario al Illimani, Bolivia- y los guías de la entidad Luis Horacio Aguilar, Mario Antonio Olivera, Mario Aramayo, Juan Carlos Chermulas y los hermanos Carlos y Pablo Pagano.

En marcha

Luego del asado ofrecido por el Administrador del Parque Nacional, los expedicionarios se pusieron en marcha cuando eran las dos de la tarde. Iban con un guía que los acompañó hasta que el primitivo sendero se perdió en la maraña del bosque. El día estaba con el cielo totalmente cubierto y con una fina y pertinaz llovizna que caía de a ratos y reducía la visibilidad impidiendo ubicar los puntos de referencia. Pero pese al mal tiempo, la expedición avanzó cruzando el arroyo Agua Negra y en reiteradas oportunidades el arroyo de la Cuesta.

Pero dejemos que sean los excursionistas los que nos cuenten las peripecias vividas en esta primera travesía de la “Cresta del Gallo”: “Era extraordinario ver cómo la vegetación cada vez era más tupida y la selva más cerrada. Así es que tuvimos que desenvainar nuestros machetes que en reiteradas oportunidades debieron entrar en acción. En el camino encontramos naranjos y limoneros y a las tres horas de marcha el guía nos dejó y continuamos solos. Comenzamos a subir y, tras cruzar cuatro veces el arroyo de la Cuesta, y ya al atardecer, acampamos en una de sus orillas. Encendimos una gran fogata pese a que la leña estaba mojada, y tomamos todas las precauciones necesarias para evitar la temible visita de los “chanchos majanos”, abundantes en la zona pero que esa noche no aparecieron. A las 7 de la mañana del sábado 9 de octubre, comenzamos la segunda jornada. Las nubes continuaban bajas y el sendero había desaparecido, por lo que habría que rastrearlo. Más adelante dimos con una parte de ese camino lo que nos permitió proseguir la marcha más animados hasta que pudimos comprobar que ese sendero seguía en varias partes el curso del arroyo hasta volverse a apartar y luego trepar decididamente. Mientras tanto los machetes –cuatro en total- trabajaban sin descanso para abrir la senda. Hubo zonas donde tuvimos que hacer túneles entre la maraña para poder pasar mientras el tiempo continuaba sin mejorar y la lluvia aumentaba. Calados hasta los huesos, continuamos por la zona de mayor pendiente en ascenso hasta llegar a un lugar donde los árboles eran de mayor altura por lo que la vegetación de abajo era menos tupida.

Filo de la sierra

A las 14 almorzamos y a poco de reiniciar la marcha, siempre en subida, accedimos por fin al filo de la sierra “Cresta del Gallo”. Al seguirlo ganamos rápidamente altura aunque el frío era más intenso por estar mojados. Caminando por el filo encontramos un hierro enterrado que al final resultó ser una cruz. El problema que ahora se nos presentaba en la travesía era el descenso. En todos lados el cordón caía a pique lo que nos imposibilitaba todo avance en bajada. Por suerte, dimos más adelante con una zona que nos permitió descender y luego encontramos rastros de la senda que habíamos perdido. Por allí encaramos y al bajar y salir de las nubes recién pudimos divisar desde lo alto toda la planicie: a lo lejos General Güemes, varias fincas, el camino a Esquina de Quisto y una picada que moría al fondo del cerro, a nuestros pies. Decidimos entonces que esa sería la mejor ruta para llegar hasta el camino de vehículos (RN34). A partir de ahí apuramos el paso para llegar al llano y poder acampar.

El descenso no fue fácil. El sendero se perdió en un bosque enmarañado y nuestros machetes rebotaban en las ramas de esas plantas. Pero no habiendo otra alternativa, decidimos calzar nuestros mitones y luchar por casi dos horas hasta que logramos dejar atrás ese monte bravo y caer justo al arroyo Las Garrapatas, donde por fin pudimos montar nuestro campamento. Estábamos muy cansados pero pese al esfuerzo realizado teníamos una alegría incontenible por nuestro trabajo. Habíamos dejado atrás unos 40 kilómetros y el cruce de la sierra de la “Cresta del Gallo” era todo un éxito y lo poco que nos quedaba por realizar era mucho más fácil.

Final

Descendimos, y ya abajo, más tranquilos, apreciamos el cerro El Crestón de unos 1.900 metros, y a un costado de su cima el camino por donde habíamos bajado. Ahora, nuestro campamento estaba a 800 metros sobre el nivel del mar y ahí decidimos hacer noche. Al día siguiente, domingo 10 de octubre, previa liquidación de todos nuestros víveres, emprendimos la marcha hasta El Algarrobal. Olivera y Chermulas hicieron gran parte de ese camino a lomo de mula para tratar de aliviar sus pesares y luego tuvieron la suerte de que un camión los trasladara hasta la ciudad de General Güemes. El resto del grupo seguimos hasta El Algarrobal, donde un botánico alemán, muy gentil, nos trasladó en su movilidad hasta Güemes, donde pudimos brindar con cerveza por el nuevo éxito del Club Amigos de la Montaña.

Lamentablemente, las observaciones previstas para la expedición no se pudieron cumplir por el mal tiempo reinante y solo se pudo observar parte de la flora y en cuanto a la fauna, por el intenso frío y la lluvia, prácticamente desapareció por completo de nuestra ruta. Tampoco se dejaron ver los tan mentados chanchos salvajes y los abundantes ofidios que proliferan por esa sierra. De esta manera, el Club Amigos de la Montaña pudo concretar otro viejo anhelo de la entidad: unir por las sierras de la Cresta del Gallo, el Parque Nacional “El Rey” con General Güemes”.