26 octubre, 2026

Inflación, salarios y consumo: las advertencias de Salvador Di Stéfano sobre el futuro de la economía argentina

1792956265902

La economía argentina atraviesa un proceso de transformación que modifica las reglas de juego para las empresas, los trabajadores, los comerciantes y los consumidores. En ese escenario, Salvador Di Stéfano, reconocido analista y consultor económico argentino especializado en proyecciones macroeconómicas, negocios, inversiones y el sector agropecuario, llegó a Salta con un planteo central: el país necesita comprender el cambio de modelo económico y generar nuevas inversiones para aprovechar las oportunidades que se abren.

En diálogo con El Tribuno, el economista analizó la situación nacional, el comportamiento de las exportaciones, el potencial de los recursos naturales, las dificultades que atraviesan algunos sectores productivos y los cambios en los hábitos de consumo. También se refirió al poder adquisitivo de los salarios, la inflación, las tarifas, la situación de los jubilados y el costo social de la transición económica.

Di Stéfano sostuvo que la Argentina está dejando atrás una estructura productiva en la que el campo concentraba buena parte de la generación de divisas para avanzar hacia un esquema en el que la energía, la minería y otras actividades exportadoras adquieren un protagonismo creciente.

“Lo que trató de explicar es el cambio de régimen económico y por qué no hay que tener tapujos para invertir, por qué no hay que estar trabado para invertir”, explicó.

Para el analista, comprender esa transformación es fundamental para tomar decisiones empresariales, orientar inversiones y adaptarse a un escenario en el que, según su visión, las oportunidades no se distribuyen de la misma manera entre todas las actividades y regiones del país.

El superávit fiscal, las reservas y un nuevo escenario económico

Uno de los primeros puntos que destacó Di Stéfano fue la situación fiscal y monetaria de la Argentina. Según explicó, el país presenta cambios que considera relevantes para la evolución de la economía, entre ellos el superávit fiscal, la capitalización del Banco Central y una menor circulación de dinero físico entre las personas.

“Es un Estado que tiene un superávit fiscal importante, ingreso menos egreso menos interés, eso da positivo. Tenemos un Banco Central que se ha capitalizado con muchas reservas”, afirmó.

En ese contexto, sostuvo que la cantidad de dinero en efectivo en manos del público es cada vez más reducida y que las formas de pago y administración del dinero también se modificaron.

“La gente ya no tiene más billetera, billetes y ahora tiene billeteras digitales. Y la gente se ha dolarizado”, señaló.

Para el economista, estos cambios no deben analizarse de manera aislada, sino como parte de una transformación más amplia que involucra la estructura productiva, los recursos disponibles, las exportaciones y la manera en que las personas se relacionan con el dinero.

A su entender, la Argentina está ingresando en una etapa en la que la generación de divisas dependerá cada vez más de una combinación de sectores capaces de producir y vender al exterior.

De un país agroexportador a una economía con protagonismo minero y energético

Di Stéfano puso especial énfasis en el potencial de los recursos naturales y en las oportunidades que se abren para las provincias vinculadas con la actividad minera y energética. “El otro cambio estructural es que se ha descubierto la cordillera y de esta bendita cordillera sale petróleo, sale gas, sale litio, sale cobre, sale oro, sale plata”, expresó.

A ese conjunto de recursos sumó la producción agropecuaria, que históricamente ha sido una de las principales fuentes de ingreso de divisas del país.

Según indicó, la combinación de estas actividades permitió alcanzar exportaciones por unos 100.000 millones de dólares. Además, proyectó que la actividad petrolera podría aportar nuevos ingresos si se habilitan las condiciones necesarias para ampliar la capacidad de exportación. “Y el año que viene, si se habilita el VMOS, los precios actuales del petróleo serían más de 20 mil millones de dólares nuevos que ingresarían. Si baja, estaríamos arriba de los 10 mil”, señaló.

El economista se refirió así a la posibilidad de que el sector energético genere un importante flujo adicional de divisas, aunque ese resultado dependerá de la concreción de los proyectos y de las condiciones del mercado. “Es una cifra fantasmagórica la cantidad de dólares que van a entrar”, afirmó.

En su análisis, el cambio más importante es que la Argentina está ampliando la cantidad de sectores que pueden aportar dólares mediante las exportaciones. “De ser un país en donde el campo aportaba dólares, hoy te encontrás que cinco sectores aportan dólares. Entonces empieza a tener la dinámica de un país minero o petrolero”, explicó.

Esta nueva estructura, consideró, puede impulsar inversiones provenientes del exterior y generar recursos destinados a infraestructura en las zonas donde se desarrollan las actividades productivas.

“De repente se empieza a presentar este tema: mucha inversión que viene del exterior, mucho desahorro en dólares para inversión en cambio de infraestructura en los lugares que se desarrolla”, sostuvo.

Para Di Stéfano, el fortalecimiento de la capacidad exportadora también puede modificar la percepción sobre el valor de la moneda argentina. En ese sentido, cuestionó la idea de que un dólar relativamente barato necesariamente deba interpretarse como una señal de debilidad económica. “Muchas veces, esa moneda con un mayor valor, la gente lo toma como un escenario en donde la gente tiene que comprar dólar porque el dólar está barato”, indicó.

Y contrapuso esa interpretación con su propia lectura: “El peso se fortalece porque el país tiene recursos naturales que está sacando de sus raíces y exportando al mundo”.

Según planteó, el objetivo de su exposición es explicar ese cambio económico, cultural y demográfico, y advertir que la transición exige revisar las ideas con las que tradicionalmente se interpretó el funcionamiento de la economía argentina.

Por qué las provincias cercanas a la cordillera podrían tener más oportunidades

El desarrollo de la minería y la energía también ocupa un lugar central en el análisis de Di Stéfano sobre las diferencias regionales.

El economista consideró que las provincias cercanas a la cordillera podrían registrar un desempeño económico superior al de otros distritos, debido a su vinculación con los recursos naturales y las inversiones asociadas con su explotación.

“Mi impresión es que todas las provincias que estén cerca de la cordillera van a tener una mejor performance que las provincias que no estén cerca de la cordillera”, afirmó.

Para fundamentar su planteo, comparó la situación de las economías del interior con la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, y mencionó el impacto que, a su entender, tiene la modificación de los subsidios sobre las distintas regiones.

“Eso ya lo vemos cabalmente con Provincia de Buenos Aires, que era una situación cuando tenían todos los subsidios y hoy que no tienen los subsidios, otra situación. El interior está mejor que CABA y Provincia de Buenos Aires”, sostuvo.

En ese marco, consideró que el desarrollo de la minería, la energía y las actividades exportadoras puede abrir oportunidades para las provincias del norte argentino.

Su planteo apunta a que las inversiones no se limiten a la extracción de recursos, sino que también impulsen infraestructura y movimiento económico en los lugares donde se desarrollan los proyectos. “Este es un cambio brutal al cual yo planteo que no hay que temerle. Hay que apoyarlo y hay que generar inversiones”, resumió.

¿La Argentina está en recesión? Los sectores que más sufren

Consultado sobre si la economía argentina atraviesa una recesión, Di Stéfano diferenció el comportamiento general de la actividad económica del desempeño particular de los sectores productivos.

Según explicó, desde 2023 la economía había registrado crecimiento, pero durante los dos trimestres previos a la entrevista algunos rubros comenzaron a enfrentar dificultades vinculadas con cambios en los costos y una reducción de la rentabilidad. “Vos tenés una economía que ha crecido desde el 2023 hasta ahora”, señaló.

Sin embargo, indicó que el aumento del precio internacional del petróleo y las modificaciones en las condiciones financieras generaron complicaciones para las empresas que necesitan invertir y sostener sus niveles de actividad. “Hace dos trimestres que, producto de un shock internacional que es la suba del precio del petróleo, donde el 15% pasó de 2.600 pesos a 2.400 pesos, generó una recesión porque las empresas se encontraron con dificultad para invertir porque tuvieron menos rentabilidad”, explicó.

También mencionó el impacto del escenario electoral anterior sobre las tasas de interés. “A su vez, vos venís del shock de la elección pasada, en donde las tasas subieron demasiado y tenés que sortear este contratiempo”, agregó.

Para el economista, los sectores que más están sintiendo estas dificultades son la construcción, el comercio y la industria, actividades que dependen en gran medida de la demanda interna y de las condiciones de financiamiento.

No obstante, aclaró que la situación es diferente cuando se observa el desempeño de las actividades exportadoras. “Pero si vos tomás todo el entramado exportador, sigue muy firme. De hecho, estamos en récord de exportaciones. Entonces, vos tenés récord de exportaciones, récord de producción agropecuaria, récord de producción de petróleo”, remarcó.

A partir de ese diagnóstico, sostuvo que la economía presenta realidades diferentes: mientras algunos sectores atraviesan dificultades, otros registran niveles elevados de producción y ventas al exterior.

El desafío, según planteó, consiste en que el dinamismo de las actividades exportadoras termine trasladándose al resto de la economía. “Tenés muchas cosas en récord que tienen que terminar derramando sobre el resto de los sectores. Pero no es inmediato”, advirtió.

También reconoció que las dificultades se perciben especialmente en los grandes centros urbanos, donde existe malestar por la situación económica y por las complicaciones que enfrentan distintos sectores para sostener su actividad.

El consumo no se comporta igual en todos los productos

La caída del consumo es una de las preocupaciones centrales de los comerciantes y de las familias, una situación que también se observa en Salta.

Consultado sobre este tema, Di Stéfano sostuvo que es necesario distinguir entre los distintos productos y hábitos de compra, porque no todos registran la misma evolución. “Ahí hay de todo. Y sobre todo tenemos que ver qué consumo”, respondió.

Como ejemplo, mencionó cambios en la alimentación de los argentinos: señaló que las personas están consumiendo más carne de cerdo, que el consumo de pollo se mantiene y que el de carne vacuna se redujo. “Si vos, por ejemplo, tomás cerdo, la gente está comiendo más cerdo. Pollo está comiendo lo mismo. Carne vacuna come menos”, explicó.

También se refirió a la evolución de los productos lácteos y sostuvo que algunos registraron un mayor consumo en un contexto de reducción de precios. “Lácteos, se está tomando más leche, porque la leche bajó, el queso bajó”, afirmó.

Para el analista, estas diferencias demuestran que no existe una única realidad para todas las actividades comerciales. “Acá en Salta debe haber un montón de pizzerías, a alguna le va bien, a alguna le va mal. La heladería, a alguna le va bien, a alguna le va mal”, ejemplificó.

En su análisis, la recuperación general del consumo será lenta porque está relacionada con la evolución de los salarios, la rentabilidad de las empresas y la capacidad de los hogares para recuperar poder adquisitivo. “El consumo en general va a un proceso de recuperación lento, porque hoy el salario no depende de un aumento que dé el Estado”, sostuvo.

Salarios, productividad e inversión: por qué no todos ganan lo mismo

Di Stéfano consideró que el nivel de los salarios está cada vez más vinculado con el desempeño económico de las empresas y con la productividad de cada actividad. “El salario es la consecuencia de la productividad marginal de la empresa. Si tu empresa gana plata, vos vas a tener un mejor salario. Si tu empresa no gana plata, vos no vas a tener un mejor salario”, afirmó.

Para ilustrar su planteo, utilizó el ejemplo de dos trabajadores de Salta: uno empleado en una empresa minera dedicada al litio y otro que trabaja en un comercio. “Acá en Salta hay empresa de litio. El que trabaja en la empresa de litio gana más que el que labura atendiendo un comercio”, señaló.

A continuación, vinculó esa diferencia con el nivel de inversión que requiere cada actividad. “¿Qué inversión tiene el comercio? ¿Qué inversión tiene la mina de litio? Bueno, vos ganás en función de la inversión de la empresa”, explicó.

Para el economista, esta situación representa un cambio cultural y económico que obliga a revisar las expectativas sobre el crecimiento de los ingresos.

En ese contexto, cuestionó la idea de que la recuperación del poder adquisitivo pueda depender únicamente de medidas estatales destinadas a inyectar dinero en la economía. “Por eso la gente nos pregunta: ‘Che, ¿van a hacer un plan platita?’. ¿Qué es? ¿Imprimir la plata? No”, expresó.

En cambio, sostuvo que el camino pasa por incrementar las inversiones de los empresarios y mejorar la capacidad productiva de las compañías. “Lo que tiene que haber es más inversión de los empresarios y eso ir para adelante”, afirmó.

Su diagnóstico también pone el foco en las diferencias entre los sectores productivos: las actividades con inversiones elevadas y capacidad de exportación pueden generar ingresos distintos de los que ofrecen los negocios que dependen exclusivamente del consumo interno.

La construcción también tiene que cambiar su modelo de negocio

Otro de los sectores que, según Di Stéfano, enfrenta dificultades para adaptarse a las nuevas condiciones económicas es la construcción.

El economista sostuvo que los modelos tradicionales de desarrollo inmobiliario ya no funcionan de la misma manera y que las empresas deben revisar cómo financian, construyen y comercializan sus proyectos. “Cambian todos los modelos de negocio”, afirmó.

Para explicar esta transformación, describió el esquema tradicional en el que una persona poseía un terreno, construía un edificio y luego comercializaba las unidades. “Antes, igual, la construcción tenía un terreno y la gente venía y entró la gente. Y el que tenía el terreno hacía un edificio. Eso se terminó”, sostuvo.

Según su planteo, el nuevo escenario exige una mayor participación empresarial y una planificación que contemple tanto la inversión inicial como la comercialización posterior. “Hoy tiene que venir un empresario, comprar el terreno, hacer el edificio y después venderlo”, explicó.

Su análisis se relaciona con las dificultades que enfrenta la actividad inmobiliaria en un contexto de cambios en el crédito, la demanda y la rentabilidad. Para Di Stéfano, la adaptación a estas condiciones será determinante para sostener los proyectos y generar nuevas oportunidades de inversión.

Inflación: por qué podría tardar más en bajar

La evolución de los precios fue otro de los temas centrales de la entrevista. Di Stéfano sostuvo que la inflación argentina registró una desaceleración importante respecto de los niveles anteriores, pero advirtió que el proceso podría extenderse más de lo esperado. “La inflación es un fenómeno monetario”, afirmó.

Como referencia, señaló que el país pasó de una inflación mensual cercana al 12% a registros en torno al 2% mensual. “Vos empezaste con una inflación del 12 mensual y hoy te está estabilizando en el 2 mensual”, explicó.

Sin embargo, consideró que todavía existen factores que impiden una reducción más pronunciada de los precios, entre ellos los ajustes pendientes en las tarifas de los servicios públicos. “¿Por qué te estabiliza el 2 mensual y no baja? Porque todavía tenés que ajustar las tarifas eléctricas. La gente no paga el 100% de la electricidad ni el 100% del gas. Lo paga el Estado”, sostuvo.

En su análisis, los subsidios representan un elemento importante para comprender la evolución de las tarifas y el impacto que pueden tener los cambios en los costos energéticos.

También vinculó el aumento del gasoil con los mayores costos de la electricidad y el gas, y señaló que esas variaciones generaron un incremento de las erogaciones que el Estado debió afrontar en concepto de subsidios. “Entonces, a ver, en la medida que se van sacando los subsidios, hay un problema para bajar la inflación”, afirmó.

Por ese motivo, anticipó que la desaceleración podría llevar más tiempo. “Yo creo que la baja de inflación va a ser más larga”, señaló.

Los salarios le ganaron a la inflación, pero la mejora todavía es insuficiente

El economista también analizó la evolución de los salarios privados y su relación con los precios.

Según indicó, durante tres meses los salarios del sector privado lograron superar a la inflación. Sin embargo, remarcó que la diferencia fue muy pequeña y que todavía no alcanza para producir una mejora sustancial en la economía de los hogares.

“Ahora tuvimos tres meses donde los salarios del sector privado le ganaron a la inflación. Ahora, ¿qué le ganaron a la inflación? Le ganaron por 0,2, 0,3”, explicó.

En otras palabras, sostuvo que una mejora marginal por encima de los precios no significa que las familias hayan recuperado de manera significativa su capacidad de compra. “No es que te sobra una plata para que tu casa sea Disneylandia”, expresó.

Para que la población perciba una mejora concreta, consideró necesario que los salarios superen a la inflación de manera sostenida durante un período prolongado y que esa diferencia se acumule en términos reales.

“Para que vos estés mejor, necesitás 12 meses ganándole a la inflación y que eso te reporte un 5% más en términos reales”, planteó.

En su análisis, la recuperación del poder adquisitivo no puede medirse solamente por el dato de un mes, sino por la evolución acumulada de los ingresos frente a los precios.

Además, advirtió que la situación es diferente entre los trabajadores, de acuerdo con la actividad en la que se desempeñan y con la rentabilidad de las empresas que los emplean.

Los precios bajan en algunos rubros y los consumidores modifican sus decisiones

Di Stéfano también señaló que los cambios en los precios están modificando los hábitos de compra y obligando a las empresas a adaptarse. “Los precios de muchos productos bajaron y las empresas se están reacomodando a eso”, sostuvo.

Sin embargo, aclaró que la modificación de los precios no es el único factor que explica el comportamiento de los consumidores. “Hay un cambio de patrón de consumo y hay un cambio de conducta de consumidor”, insistió.

Como ejemplo, describió nuevas costumbres alimentarias y cambios en los productos que las personas eligen comprar. También señaló que las transformaciones en la vida cotidiana impactan directamente sobre actividades comerciales que antes tenían una demanda más estable.

Para ilustrarlo, contó una anécdota vinculada con un comerciante que vendía mermeladas y se preocupaba porque sus clientes habían comenzado a modificar sus desayunos.

“Una vez me encontré con un señor y me dijo: ‘Ando mal porque las mujeres hacen huevos revueltos y los hombres comen huevos revueltos’. Le dije: ‘¿Cuál es el problema?’. Me dice: ‘¿Vos les ponés arriba de huevos revueltos mermelada?’. ‘No, yo vendo mermelada’”, relató.

A partir de esa experiencia, explicó que el comerciante estaba enfrentando una transformación en los hábitos de sus consumidores y que el problema no podía entenderse únicamente a partir de los precios.

Para Di Stéfano, las empresas que no advierten esos cambios pueden perder oportunidades de venta, mientras que aquellas que logran adaptarse tienen mayores posibilidades de sostener su actividad.

Billeteras digitales, compras a domicilio y una nueva forma de vender

El cambio en los hábitos de consumo también alcanza a los medios de pago y a la relación entre los comercios y sus clientes.

El economista remarcó que las billeteras digitales reemplazaron en buena medida al dinero físico en las operaciones cotidianas y que las compras a domicilio modificaron la función tradicional de los locales comerciales. “Vos te levantás y seguramente hacés unos huevitos revueltos. Antes no ocurría eso”, comentó al describir las nuevas costumbres de los consumidores.

Luego vinculó esos cambios con la transformación del comercio. “Yo tengo un local comercial y vos pedís la cosa a tu casa. El local comercial ya tiene más sentido como exhibición y depósito para llevar a casa que como lugar de encuentro para generar venta”, sostuvo.

Según su visión, el comerciante debe entender que ya no alcanza necesariamente con abrir un local y esperar que las personas ingresen para comprar. Las modalidades de venta, la distribución y los canales digitales forman parte de un mercado diferente.

“¿Vos tenés billete en el bolsillo? No, tenés la billetera digital. Nadie lleva billete”, afirmó.

Para Di Stéfano, se trata de transformaciones que se aceleraron después de la pandemia y que terminaron incorporándose a la estructura económica argentina.

“Son muchos cambios todos juntos que operaron pospandemia. No es un cambio de Milei, es un cambio que era inercial de la pandemia y que hoy se metió en la estructura económica argentina”, señaló.

De esa manera, diferenció las modificaciones estructurales en los hábitos de consumo y en los modelos comerciales de las medidas específicas de una administración nacional.

Cómo evaluar la economía y el impacto del Gobierno de Javier Milei

Consultado sobre cómo debe evaluar un argentino el impacto de la inflación, las medidas del Gobierno y la posibilidad de llegar a fin de mes, Di Stéfano sostuvo que la situación económica no puede analizarse únicamente a partir de las decisiones de la administración actual. “Primero que, a ver, la situación de Argentina no la tenemos que medir por lo que hace el Gobierno solamente, sino por cómo encontró el Gobierno a la Argentina”, respondió.

En ese sentido, recordó que, según su descripción, el Gobierno asumió con reservas negativas y obligaciones pendientes vinculadas con importaciones que ya se habían realizado, pero para las cuales no se habían entregado los dólares correspondientes. “Este Gobierno asumió con reserva negativa y debiendo un montón de guita de importaciones que se hicieron y que no se habían entregado los dólares”, afirmó.

A partir de ese diagnóstico, consideró que el proceso inicial implicó reorganizar las cuentas y luego avanzar hacia un cambio en el funcionamiento de la economía. “Entonces, vos primero tuviste que hacer toda una organización del Gobierno y después tuviste un cambio de régimen económico”, explicó.

Para el economista, las consecuencias de esa transición no son iguales para todas las empresas ni para todos los trabajadores. “El que no se adaptó a ese cambio de régimen económico, hoy está complicado”, sostuvo.

Y agregó que las dificultades de las empresas terminan trasladándose a sus empleados, tanto en los ingresos como en las posibilidades de sostener el empleo y mejorar las condiciones laborales. “El empleado que trabaja en una empresa de alguien que no se adaptó al cambio de régimen económico gana menos guita y seguro va a tener dificultad para llegar a fin de mes”, afirmó.

Su planteo vuelve a poner el foco en la necesidad de que las empresas puedan invertir, mejorar su productividad y adaptarse a los cambios para sostener su actividad.

Los jubilados y las familias que no llegan a fin de mes

Durante la entrevista, Di Stéfano reconoció que la situación económica continúa siendo difícil para numerosos hogares y mencionó especialmente las dificultades que enfrentan los jubilados. “Los jubilados tienen dificultad para llegar a fin de mes”, expresó.

Frente a esa realidad, sostuvo que las familias también cumplen un papel importante en el acompañamiento de los adultos mayores. “Y nuestra función como hijos es ayudar a nuestros padres”, agregó.

La referencia a los jubilados apareció en medio de su análisis sobre el costo social de la transición económica y la necesidad de sostener el proceso de estabilización hasta que pueda traducirse en mejoras concretas.

Si bien defendió la necesidad de avanzar hacia una economía con menor inflación, su exposición reconoció que los beneficios de ese proceso no llegan de manera inmediata a todos los sectores.

Las dificultades para cubrir los gastos cotidianos, la evolución de los salarios y la capacidad de las empresas para mejorar sus ingresos siguen siendo factores centrales para comprender el malestar que atraviesa a una parte de la población.

Por qué considera necesario terminar con la inflación

Di Stéfano defendió la necesidad de avanzar hacia una economía con inflación baja y sostuvo que la Argentina no puede prolongar indefinidamente un escenario de aumentos persistentes de precios.

“Este proceso es el que te va a llevar a que vos tengas una inflación baja. Nosotros no podemos vivir 70 años más con inflación”, afirmó.

Para reforzar su planteo, mencionó a países de la región como Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile y Perú, a los que utilizó como referencia para cuestionar la naturalización de la inflación en la economía argentina.

“Cuando digo el mundo, digo Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú. No tienen inflación. ¿Por qué nosotros tenemos que condenar a todas nuestras generaciones futuras a vivir con inflación?”, planteó.

En su análisis, la estabilización económica debe entenderse como un proceso que requiere tiempo y que implica modificar conductas, expectativas y estructuras que se mantuvieron durante años.

No obstante, sostuvo que el objetivo final debe ser construir condiciones económicas que permitan planificar a largo plazo, sostener el valor de los ingresos y evitar que la inflación continúe afectando la capacidad de compra de los hogares.

El costo de la transición y la deuda con las próximas generaciones

En el tramo final de la entrevista, Di Stéfano planteó que la transformación económica no será sencilla y que exigirá esfuerzos para distintos sectores de la sociedad.

Su argumento es que el país necesita recuperar infraestructura, mejorar las condiciones del sistema previsional y garantizar que las próximas generaciones tengan mayores oportunidades.

“Esta generación va a tener que hacer el esfuerzo. Nosotros vamos a tener que hacer el esfuerzo de devolverle a nuestros hijos las rutas que nos habían dejado nuestros abuelos, que no están”, sostuvo.

También se refirió a la necesidad de construir una seguridad social que permita a los trabajadores acceder a una jubilación en condiciones adecuadas.

“Devolverle a nuestros hijos una seguridad social para que nuestro hijo cuando sea grande se pueda jubilar y no sea estafado como somos estafados nosotros”, expresó.

Para el economista, esos objetivos demandan recursos, tiempo y una transformación profunda de la economía y de las cuentas públicas.

“Devolver todo eso es mucha plata, es mucho tiempo, es mucho esfuerzo y la vamos a pasar mal”, reconoció.

Sin embargo, consideró que el esfuerzo debe evaluarse en función de los resultados que pueda producir en el largo plazo, especialmente para los niños y jóvenes que vivirán las consecuencias de las decisiones actuales.

“Sí, pero la vamos a pasar mal en pos de un objetivo para que nuestros hijos y nuestros nietos estén mucho mejor”, concluyó.

Una economía en transformación y el desafío de adaptarse

A lo largo de la entrevista, Salvador Di Stéfano presentó una lectura de la economía argentina centrada en el cambio de su estructura productiva, el crecimiento potencial de las exportaciones y la necesidad de ampliar las inversiones.

Su diagnóstico combina la expectativa de mayores ingresos de divisas por la energía, la minería y el agro con el reconocimiento de las dificultades que atraviesan la construcción, el comercio, la industria y los hogares que todavía no perciben una recuperación significativa de sus ingresos.

También advirtió que los cambios en los precios, las formas de pago, los hábitos de consumo y los modelos de negocio obligan a las empresas a revisar sus estrategias para seguir siendo competitivas.

En ese contexto, su mensaje para los empresarios y los inversores fue claro: comprender las nuevas reglas de juego y evitar quedar inmovilizados frente a la transformación económica.

Para las familias, en cambio, el panorama que describió todavía presenta dificultades vinculadas con el poder adquisitivo, la inflación y la capacidad de los salarios para recuperar terreno.

El principal interrogante sigue siendo cuánto tiempo demandará que el crecimiento de las actividades exportadoras y las nuevas inversiones se traduzcan en mejoras para el conjunto de la economía.

Di Stéfano considera que el proceso requiere esfuerzo y adaptación, pero sostiene que la oportunidad está en aprovechar los recursos productivos del país y construir una economía que permita ofrecer mejores condiciones de vida a las próximas generaciones.