11 octubre, 2026

¿Quién aconsejó al general Manuel Belgrano dar batalla en Tucumán?

¿Quién aconsejó al general Manuel Belgrano dar batalla en Tucumán?

Desde que el Senado de la Nación dio media sanción al proyecto de ley declarando Héroe Nacional a don Bernabé Aráoz, muchas voces se alzaron para opinar sobre esta iniciativa de los representantes de Tucumán, Juan Manzur, Sandra Mendoza y Beatriz Avila. Aquí en Salta, por ejemplo, las páginas de El Tribuno acogieron diversas reflexiones, entre ellas las del licenciado David Slodky , los académicos Irene Romero y Rodolfo Plaza Navamuel y el periodista Ernesto Bisceglia. Por su parte, la Academia de Historia del Instituto Güemesiano de Salta, también se ocupó del tema elevando a la Cámara de Diputados de la Nación un informe sobre la conducta adoptada por Bernabé Aráoz especialmente cuando Güemes, aquí en Salta, debía organizar el Ejército de Observación del Perú sugerido por el General San Martín. Pero no solo en nuestra provincia se alzaron voces en contra del proyecto, también lo hicieron las juntas de estudios históricos de Catamarca y Santiago del Estero.

El proyecto

La iniciativa se sustenta sobre cuatro pilares que según fuentes consultadas dos de ellos no se ajustan a la realidad. El primero es atribuirle a don Bernabé Aráoz haber convencido al General Belgrano de presentar batalla en Tucumán. Sobre esto, el proyecto dice: “En esa ocasión, tuvo una relevante participación (Aráoz) cuando el General Manuel Belgrano, siguiendo con el éxodo jujeño, tenía orden de replegarse con el ejército hasta Córdoba. Es ahí donde Bernabé Aráoz se encuentra con Manuel Belgrano un 10 de septiembre en un Paraje conocido como “La Encrucijada” en Burruyacú, provincia de Tucumán, y le pide que se quede a presentar batalla. Es esa Batalla; y el triunfo en ella es la que empieza a (sic) marcar el límite norte de lo que hoy conocemos como el territorio de Argentina”. Al respecto, según la monumental obra de Bartolomé Mitre, “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” (Capítulo XIX) y en la cual abreva la mayoría de los historiadores, la idea de presentar batalla en Tucumán no fue de don Bernabé como se afirma en los fundamente del proyecto. La verdad histórica es que ese pensamiento desveló a Belgrano desde el mismo momento que partió de Jujuy con el Exodo (23.8.1812). Una idea que más adelante tomó mayor fuerza cuando en la persecución de la que eran objeto los patriotas, sorpresivamente en las Piedras (Metán) estos contramarcharon, enfrentaron a los realistas y lograron alzarse con la victoria el 3 de septiembre de 1812. Una acción de la que participaron los patriotas capitán Carlos Forest, comandante Miguel Aráoz, La Madrid, Díaz Vélez y Juan Ramón Balcarce.

Sobre este hecho de armas Mitre dice: “El triunfo de las Piedras, aunque pequeño como hecho de armas, fue de gran trascendencia para el éxito de la campaña. El enemigo se hizo más cauto, el espíritu abatido de los patriotas se exaltó, los planes de Belgrano empezaron a metodizarse, afirmándose más su idea de hacer pie en Tucumán, a pesar de las instrucciones que le ordenaban retirarse hasta Santiago del Estero o Córdoba. Esta gran resolución agitaba su alma, y no se decidió definitivamente a desobedecer, sino después de largos cavileos. Agobiado por la responsabilidad, deseaba obedecer, pero sabía que ello importaba la pérdida de las provincias del Norte, y que no podía contar con sus tropas fuera del territorio que pisaba”.

Y fue entonces cuando reveló su preocupación al gobierno: “V.E. debe persuadirse -escribe Belgrano- que cuanto más nos alejamos, más difícil ha de ser recuperar lo perdido, y también más trabajoso contener la tropa para sostener la retirada con honor, y no exponernos a una total dispersión y pérdida de esto que se llama ejército; pues con gente bisoña en la mayor parte, hostilizada por el enemigo con dos días de diferencia”.

Y ocultando su lucha interior, Belgrano finalmente abandonó el camino de las Postas y tomó el de las Carretas que, acercándose a la margen derecha del río Pasaje, continúa hacia las provincias de Santiago y Córdoba pasando por Burruyaco, al nordeste de Tucumán. De esta forma, burlaba la persecución realista y se ponía en actitud de acatar la orden de retirada, pero a la vez podía acercarse a Tucumán, en caso de quedarse en este punto. Mientras tanto, la vanguardia realista hacía un alto entre Yatasto y Metán, para esperar refuerzos, a unas 20 leguas de Tucumán.

“A todo esto, Salta –agrega Mitre- había sido ocupada por los realistas, fuerzas que fueron recibidas con repiques de campanas, alistándose espontáneamente en defensa del Rey todos los españoles europeos, y hasta los frailes que en ella habían quedado”.

Misión Balcarce

Ya con la idea de intentar quedarse en Tucumán, Belgrano hizo el último esfuerzo antes de tomar una decisión final. Desde la altura de la Encrucijada, despachó a Tucumán de acuerdo con Díaz Vélez, al teniente coronel don Juan Ramón Balcarce. Era con el objeto de despertar el entusiasmo de los tucumanos, y ver si era posible organizar nuevos cuerpos de caballería para aumentar su ejército, y en tal caso contramarchar rápidamente y volver sobre el enemigo, caso que no hubiere éste recibido refuerzo.

El 7 de septiembre Belgrano se dirigió al gobierno de Buenos Aires: “Es muy doloroso ir retrogradando, y no ver el término de esta campaña, cuando las tropas han tomado un fuego y una energía extraordinaria con la acción del 3 (Piedras), que de necesidad debe resfriarse con la retirada, no estando a su alcance la razón de ella, y así es que se me han empezado a desertar desde que emprendí mi marcha. Yo quiero hacer prodigios por la patria y por el honor de sus armas, pero no veo camino si el enemigo no me da tiempo. Entre la mucha gente, apenas contaré 600 o 700 hombres útiles, en cuanto a armas, me hallo con muchas descompuestas”.

Y así fue que sobre la misión de Balcarce, Mitre señala: “Los tucumanos correspondieron a las esperanzas del general Belgrano. En presencia del peligro se despertó súbitamente su entusiasmo, poderosamente estimulado por el influjo de la familia de los Aráoz, una de las más respetables y conocidas de aquel distrito. Todos los tucumanos ofrecieron a Balcarce sacrificarse con tal de que no se abandonara su territorio, y en ese sentido fueron diputados (representantes) varios vecinos cerca del general Belgrano. Este, aun antes de ver convertidas estas promesas en realidades, resolvió definitivamente dirigirse a Tucumán, con el ánimo de esperar allí al enemigo”. Sobre esta resolución, Belgrano informa a Buenos Aires el 12 de septiembre: “Son muy apuradas las circunstancias, y no hallo otro medio que exponerme a una nueva acción; los enemigos vienen siguiéndonos. El trabajo es muy grande; si me retiro y me cargan, todo se pierde, y con ello todo nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido a sacrificarse con nosotros, si se trata de defenderla, y de no, no nos seguirán y se perderá todo; pienso aprovecharme de su espíritu público y energía para contener al enemigo, si me es dable, o para ganar tiempo a fin de que se salve todo cuanto pertenece al Estado…”.

Con estos párrafos extraídos de la “Historia de Belgrano” de Mitre, queda claro que no fue don Bernabé quien convenció a Belgrano de que presentara batalla en Tucumán. Fue el creador de nuestra Bandera quien, ante una posible confrontación, envió a Balcarce para “despertar el entusiasmo de los tucumanos”. Misión harta exitosa y donde Mitre exalta la gran influencia de la familia Aráoz pero sin asignar a don Bernabé, el protagonismo que le asignan los senadores tucumanos.

El estratega

El segundo argumento que se arrima para fundamentar la iniciativa es reconocer su “capacidad estratégica militar durante la batalla de Tucumán de 1812”. Sobre ella Mitre señala: “Toda la fuerza que Belgrano pudo llevar al campo de batalla no pasaba de 1.800 hombres, inclusas las milicias. La caballería se extendía por ambos flancos; la derecha estaba a cargo de Balcarce; la izquierda del comandante José Palledo; la de reserva Diego González Balcarce. Las tres columnas de infantería estaban a cargo del capitán Forest, comandante Ignacio Warnes y la de José Superi. En infantería de reserva estaba el Tte. Cnel. Manuel Dorrego y la artillería a cargo del barón de Holemberg quien además era consejero de Belgrano (Datos extraídos del Parte de Belgrano del 23 de octubre de 1812). Como se puede ver don Bernabé Aráoz no figura como un estratega de la Batalla de Tucumán ni tampoco como responsable de alguna columna.

Lo que no está en dudas es que la familia Aráoz, tal como dice Mitre: “En presencia del peligro se despertó súbitamente (en Tucumán) un entusiasmo, poderosamente estimulado por el influjo de la familia de los Aráoz, una de las más respetables y conocidas de aquel distrito”. Y además, -debemos agregar- colaboró económicamente con esa campaña militar.

De todos modos y como bien sabemos, el proyecto de ley ya está en el seno de la Cámara de Diputados de la Nación, cuerpo que deberá decidir sobre el destino de esta polémica iniciativa.