Salteño distinguido por el Consejo Cultural Mundial: “Hacer ciencia en Argentina es un deber”
Rubén Sández tiene 24 años, nació en Salta y está a punto de recibirse de astrónomo en la Universidad Nacional de Córdoba. Integra el grupo de plasmas astrofísicos del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE) del CONICET, donde estudia cómo el Sol genera y libera energía. Fue reconocido por el Consejo Cultural Mundial con el Premio Mundial de Ciencias Albert Einstein 2026 por su trayectoria estudiantil. Aunque recibió ofrecimientos para irse, quiere desarrollar su carrera en Argentina. En diálogo con El Tribuno habló de su trabajo, del contexto para la ciencia y de la inteligencia artificial.
Contanos de dónde sos y cómo nació tu interés por la ciencia, por la astronomía y la física…
Nací en Salta y estudié en el Instituto de Educación Integral. Tengo 24 años. Durante toda mi carrera hubo mucha curiosidad, mucho interés por descubrir cosas nuevas. Ya en la secundaria me interesaban las materias de ciencia: a pesar de ser bachiller en economía, donde mejor me iba era en matemáticas y ciencias. Había muchos intereses en mi cabeza en ese momento, y uno de los principales era la ciencia política, hacer política. Pero de un momento a otro, después de una orientación vocacional, decidí seguir mi sueño, seguir esa vocación por la curiosidad.
La primera decisión que tomé fue empezar Física en la UNSa, en 2020, pero arrancó la pandemia y no fue fácil continuarla, así que la dejé en pausa. Al año siguiente, ya decidido, ingresé a Astronomía en la Universidad Nacional de Córdoba, en 2021. Desde entonces sigo la carrera, aprendiendo y descubriendo muchas cosas nuevas.
¿En qué año estás?
Estoy en el último semestre de cursado. Si todo sale bien, en marzo ya estaría recibido. Estoy escribiendo la tesis, validando el último resultado, ya terminando.
Trabajás actualmente en una investigación…
Sí. Desde el año pasado me incorporé al grupo de plasmas astrofísicos del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental del CONICET, donde entré en contacto con quien es actualmente mi directora en el trabajo final, en la tesis. Empecé a interiorizarme en los temas, porque son temas que nunca vimos en la carrera, muy aparte. A fines del año pasado o a principios de este, formalmente comencé como estudiante miembro en formación del grupo. Ahora estoy presentando las becas doctorales del CONICET, para ver si el año que viene me incorporo oficialmente como becario doctoral.
Investigás la actividad eruptiva de la corona solar. ¿Qué significa eso?
Estudiamos un tipo de sistemas que son los plasmas, un estado de la materia aparte. Conocemos el estado sólido, el líquido, el gaseoso; el siguiente paso es cuando los gases están muy calientes y adquieren estructura de plasma. Son gases con carga que interactúan con los campos magnéticos, por eso son estructuras muy complejas. El Sol, y en realidad todas las estrellas, están formados casi en su totalidad por plasma.
En una de las atmósferas superiores del Sol, que llamamos corona solar, estos campos magnéticos son interesantísimos de estudiar porque tienen mucha energía. Estamos tratando de modelar cómo se genera y se libera tanta energía. Cuando hablamos de actividad eruptiva, hablamos de las tormentas solares, las fulguraciones solares, y de los mecanismos que hacen que se libere tanta energía.
Lo hacemos a veces con observaciones, con telescopios solares, y en mi caso con modelos matemáticos que resolvemos en una computadora. Así tratamos de entender matemáticamente cómo funcionan esos procesos y poder replicarlos en una computadora o, en algún momento, en un laboratorio, si fuese posible.
¿Qué es lo que buscan descubrir y por qué es tan importante estudiar estos fenómenos?
Lo que tratamos de hacer es entender cómo esos mecanismos liberan energía. Ese es el objetivo principal, no solo de mi grupo sino de un consorcio más grande, con auspicio de la Unión Europea, que es el Proyecto Dynathon. Hay mucha gente a lo largo del mundo, en República Checa, Bélgica, Austria, México, el Reino Unido, trabajando en cómo se genera tanta energía en la corona solar.
A muy largo plazo, uno espera que este tipo de sistemas, los plasmas, tengan potencial para generar mucha energía. Uno de los objetivos, creo que de todos aunque no explícito, es entender los mecanismos de la fusión nuclear. Es la razón por la cual el Sol tiene tanta energía y brilla tanto: son procesos nucleares a escala micro, muy eficientes, que no necesitan tanta energía para generar más.
Varios laboratorios del mundo tratan de replicar las condiciones del interior del Sol para abastecer energía como lo hace una planta nuclear, como Atucha I, Atucha II o Embalse, pero de una forma diferente, con menos residuos, con menos problemas y con mucha menos energía de la que se necesita hoy. Cuando estudiamos la física del Sol lo hacemos porque es un laboratorio natural muy cercano, que nos facilita muchas observaciones.
¿Qué es una erupción en la corona solar y qué consecuencias puede tener para la Tierra?
Cuando estudiamos erupciones, o este tipo de eventos solares extremos, hablamos de un efecto muy grande en lo que se conoce como heliósfera, básicamente todo el entorno interplanetario entre el Sol y la Tierra. Siempre hay peligro de que ocurra una erupción solar, que son desprendimientos muy grandes de masa de la estrella, y que puede afectar a toda la tecnología alrededor del planeta, como los satélites o una estación espacial.
No podemos hacer otra cosa más que prevenir. Una de las búsquedas es entender el clima espacial para prevenir o, en todo caso, mitigar los daños que pueda causar una eyección coronal de masa. Son eventos genuinamente muy energéticos, y también son los causantes de las auroras boreales o australes en los polos de la Tierra.
Hay mucha gente estudiando si se pueden predecir. Predecirlos permitiría alertar a quienes gestionan esos dispositivos tecnológicos para apagarlos antes de que ocurra una erupción. Es un trabajo muy complicado que no hace una sola persona: son equipos grandísimos, y cada uno maneja un detalle de la investigación.
Respecto a los plazos, no hay plazos como tal, sino metas y objetivos, y uno va al ritmo que puede, colaborando siempre. Tampoco la ciencia va a algo específico: de lo que uno estudia se van desprendiendo investigaciones y preguntas, y uno va trabajando con eso.
¿Qué significa para vos haber recibido esta distinción internacional?
Es mucho orgullo, me pone muy contento. Y en un momento tan difícil como lo es hacer ciencia en estos tiempos, también es un reconocimiento para mi facultad, que creo que es de las mejores: forma gente que tiene conciencia de que está haciendo ciencia para un país, con un proyecto, y forma científicos y profesionales del más alto nivel.
Además revaloriza el rol de la universidad pública y del sistema científico nacional, de nuevo en un contexto muy hostil hacia la ciencia. Es un orgullo, y siempre se festejan los reconocimientos que te dan un empujoncito para seguir haciendo lo que a uno le gusta.
¿Cómo recibiste la noticia?
Estaba de intercambio en Brasil el semestre pasado, saliendo de rendir un parcial de portugués para hispanohablantes, muy cansado, en un banquito. Me llegó el mail de la secretaría del decanato de mi facultad, diciéndome: “Muchas felicidades, Rubén, queríamos agradecerte…”. Al principio no entendí muy bien, pero resulta que había sido uno de los reconocidos dentro de la premiación. Fue muy loco, muy sorprendente.
¿Cómo se postula o alguien te tiene que postular?
Es una postulación que llega a través del Consejo Cultural Mundial al rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba. La universidad, con el Consejo de Rectores de las Universidades e Institutos de Córdoba, abre una especie de convocatoria que se va volcando de las universidades a cada facultad y de cada facultad a cada carrera. A nosotros nos llegó un día antes de que cierre la postulación, que tiene que hacerla alguien, tu director o una autoridad de la facultad, con tu consentimiento.
Teníamos todos los papeles con mi directora, armamos la postulación juntos y ella la envió. Al mes, mes y medio, salió.
¿De qué se trata el Premio Mundial de Ciencias?
Entiendo que es un consorcio que se llama Consejo Cultural Mundial, con sede en México. Propone premios que aportan a las ciencias, al arte y a la educación, que son los tres premios que tiene el consejo. Es una organización internacional que promueve actividades, intercambios y procesos educativos, y el desarrollo de la ciencia. Su misión es fomentar la paz, la justicia social y el desarrollo sostenible a través de la cultura, la ciencia y la educación, y la cumple reconociendo a personas destacadas en esos campos.
Este año el premio (mayor) se le dio a Katerina Harvati, una paleoantropóloga, es la galardonada del premio Albert Einstein.
¿Pensaste que podías recibir un reconocimiento?
No, sigo sin creérmelo. Sabía que había mucha gente de mi propia facultad que se postulaba, con buenos perfiles, súper interesantes. Fue más postularse para agarrar cancha, como pasa con estas postulaciones. Terminó saliendo y fue una sorpresa muy grata. Después, comunicárselo a todo el mundo fue un proceso bastante divertido.

¿Cuáles son hoy los principales desafíos de la investigación científica en Argentina y cómo ves las oportunidades para los jóvenes que quieren dedicarse a la ciencia?
Es muy difícil. Con un gobierno que no apuesta a la ciencia como pilar fundamental para desarrollar un país, las oportunidades no crecen mucho. Todavía existen las becas doctorales, pero es muy difícil conseguir una, porque los criterios que fijan las entidades que las dan, como el CONICET, van variando.
Lo que veo en colegas y compañeros es que la opción más fácil, por la calidad de profesionales que forma la Universidad Nacional de Córdoba, y en general cualquier universidad nacional, es irse afuera, porque nos buscan en todos lados. Conozco varios casos de compañeros que ya están prácticamente afuera, y otros que efectivamente se fueron a hacer ciencia allá, porque el contexto acá es muy competitivo y hasta termina perjudicándote.
Hay muchísimos estudiantes que apuestan por hacer ciencia en Argentina y se postulan a una beca doctoral para aspirar a la investigación científica, pero la oferta del gobierno nacional, respecto al presupuesto, es poquísima.
En tu caso ¿qué estás pensando hacer?
Hubo ofrecimientos de irme afuera, pero uno de mis mayores sueños desde que arranqué la carrera es hacer ciencia acá, en mi país, en Argentina. Siguiendo ese sueño, la idea es quedarme. Ya me postulé a la beca doctoral del CONICET y estamos esperando los resultados, que en teoría saldrían en enero. La idea es hacer el doctorado acá e investigar acá, siempre con una beca. Si no se puede, iré viendo en el proceso. Pero con fe, apostando a que hacer ciencia en Argentina es uno de mis objetivos y sueños más grandes, y a seguir para adelante.
¿Cómo impactan la IA y las nuevas tecnologías?
Nuestras áreas, las ciencias de datos y el análisis de información, usan estas herramientas desde hace mucho más tiempo que el uso convencional. En mi facultad se habla de inteligencia artificial hace 20 o 25 años, y recién ahora, pospandemia, hubo un boom. Siempre lo hemos entendido como herramientas. Yo digo que el mayor error de la inteligencia artificial fue haberle puesto ese nombre, porque inteligencia no es: es básicamente un montón de cálculos matemáticos que terminan prediciendo, ajustando una función. Son todos numeritos.
El endeudamiento que hay hacia la inteligencia artificial puede ser un problema en el plano social y político. En nuestro caso es una herramienta que ya veníamos usando y que ahora está mejorando, y nos sirve para obtener resultados más rápido. Pero en el plano de la interpretación, por más que haya un resultado, siempre está el paso de entender qué significa, y esa es una tarea muy importante que tenemos nosotros.
La ciencia no ha acabado por la inteligencia artificial, sino que ha adquirido una herramienta importante que facilita mucho el trabajo. Pero entender lo que hay detrás de cada número, de cada resultado, también es parte de la investigación, y ahí juega un rol muy importante el científico.
¿Qué mensaje le darías a los chicos que tienen curiosidad por la ciencia pero sienten que es un camino lejano?
Para mí, hacer ciencia es una de las cosas más bonitas que hay. Uno vive constantemente con la curiosidad de un niño cuando se trata de estos temas, sea la ciencia que sea, no solamente la física o la astronomía: las ciencias sociales también son un proceso de explorar la curiosidad. Se conoce gente maravillosa; el mundo de la ciencia, al menos en Argentina, tiene una calidad humana grandísima.
Hacer ciencia en un país como el nuestro no es un capricho nunca, es un deber, y si hay gente con ganas de hacer ciencia tiene que seguir ese camino, independientemente de lo que cualquier persona diga. Tomo la palabra de un profesor, egresado de mi facultad: un país, una ciudad, una provincia que no hace ciencia es un lugar aburrido, porque no hay preguntas, no hay curiosidad, y cuando un lugar se vuelve aburrido no es agradable.
A todos los que quieran hacer ciencia y lo estén dudando, creo que cuando uno sigue sus sueños le va mejor que nunca. También es un trabajo, no es fácil ninguna de estas tareas, pero hay que seguir y apostar a la ciencia de este país, que es de las mejores del mundo.

