30 octubre, 2026

VIDEO. Ernesto Rojo, el salteño que recorre Asia en moto: más de 30.000 kilómetros de aventura y descubrimientos

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Más de 100 días de viaje, más de 30.000 kilómetros recorridos y una aventura que todavía tiene mucho por delante. Ernesto Rojo, el salteño que decidió recorrer el mundo en moto, continúa su travesía por Asia y, desde Bangkok, Tailandia, compartió las experiencias, los desafíos y los descubrimientos que marcaron esta etapa de su recorrido.

En diálogo con Tal Cual, el programa de streaming de El Tribuno que se transmite de lunes a viernes de 11 a 13, Rojo relató cómo fue atravesar China de norte a sur, conocer antiguas ciudades vinculadas con la Ruta de la Seda, enfrentarse a las particularidades de la comida asiática y adaptarse a caminos y condiciones climáticas muy diferentes.

Su viaje, sin embargo, no se limita a sumar kilómetros o visitar lugares desconocidos. Para el motociclista, la experiencia también se convirtió en una oportunidad para conocerse a sí mismo, poner a prueba sus propios límites y disfrutar de la soledad como parte fundamental de la aventura.

De los desiertos chinos a los caminos de Laos

Antes de llegar a Tailandia, Ernesto recorrió China de norte a sur, un trayecto que lo llevó a atravesar distintos paisajes y condiciones climáticas. Desde el calor del desierto de Gobi hasta las bajas temperaturas de las zonas montañosas, el recorrido le permitió descubrir la diversidad de un país de enormes dimensiones.

Durante esa etapa, uno de los ejes de su viaje fue seguir parte de la histórica Ruta de la Seda, el antiguo entramado de caminos comerciales que conectaba distintas regiones de Asia con otros territorios. En ese recorrido conoció ciudades antiguas que conservan vestigios de aquella época.

Una de las que más lo sorprendió fue Turpan, donde pudo observar antiguas construcciones excavadas en la tierra. A diferencia de las edificaciones tradicionales, estas viviendas fueron construidas hacia abajo y conformaron una ciudad que, aunque deteriorada por el paso del tiempo, todavía permite apreciar las características de aquel asentamiento.

También visitó Jiayuguan, donde conoció el extremo occidental de la Gran Muralla China, y tuvo la oportunidad de ingresar a antiguos monasterios tibetanos en la región de Lijiang, entre ellos el monasterio de Labrang. Allí pudo observar cómo estos espacios continúan funcionando como centros religiosos y de formación para monjes, además de presenciar algunas ceremonias.

“Realmente me siento afortunado de haber estado ahí“, expresó al recordar esos lugares que formaron parte de una de las etapas más significativas de su recorrido.

Una moto que responde a los desafíos del camino

En una travesía de semejante extensión, el estado de la motocicleta resulta fundamental. En ese sentido, Rojo destacó el rendimiento de su Honda 500, una moto de cilindrada media que, según explicó, respondió de manera satisfactoria durante el viaje.

El motociclista contó que prácticamente no tuvo inconvenientes mecánicos importantes y que las intervenciones realizadas estuvieron relacionadas principalmente con el mantenimiento habitual y algunos contratiempos propios de recorrer tantos kilómetros.

Sin embargo, no todos los desafíos dependen del vehículo. El paso por Laos, antes de ingresar a Tailandia, estuvo marcado por el calor extremo, la humedad y el deterioro progresivo de los caminos.

Según relató, algunas rutas se transformaban en caminos rotos, con grandes agujeros y sectores cubiertos de barro. Después de varias horas de conducción en esas condiciones, continuar se convertía en una decisión que debía evaluar constantemente.

“Uno piensa: ¿Qué hago? ¿Vuelvo o continúo?“, contó al describir esas situaciones en las que avanzar implica asumir nuevos desafíos.

El choque cultural y los sabores de Asia

La aventura también incluye una adaptación permanente a costumbres y comidas muy diferentes de las que conoce en Argentina. Rojo explicó que disfruta especialmente de la gastronomía china, aunque conseguir que los platos no tengan picante no siempre resulta sencillo.

En Tailandia, mientras comía en un puesto callejero de Bangkok, se encontró con una oferta gastronómica todavía más llamativa: brochetas de alacranes, distintos insectos y otros animales que se ofrecen como alimentos. El salteño contó que ya había probado algunos de esos insectos, aunque reconoció que no le gustaron demasiado.

Otra experiencia particular ocurrió en Kazajistán, donde las dificultades para comunicarse complicaron el momento de pedir comida. En ocasiones, explicó, debía recurrir a las fotografías de los menús para indicar qué quería comer.

Fue así como, por equivocación, terminó probando distintas vísceras de camello, entre ellas estómago y pulmones. Aunque no le desagradaron, admitió que dejó una parte del plato sin terminar.

La experiencia refleja uno de los aspectos que más se repiten durante su recorrido: la necesidad de adaptarse a situaciones inesperadas, incluso en actividades tan cotidianas como sentarse a comer.

Viajar solo también es conocerse

Más allá de los paisajes y las diferencias culturales, Rojo destacó el componente personal de la experiencia. Con más de 100 días de viaje, aseguró que recorrer el mundo en solitario le permitió dedicar tiempo a pensar, meditar y reconocer sus propias capacidades.

Para él, la travesía no consiste únicamente en trasladarse de un lugar a otro. También supone aprender a manejar la incertidumbre, reconocer los límites personales y tomar decisiones frente a circunstancias desconocidas.

“Es un viaje con uno mismo también“, resumió durante la entrevista.

El motociclista explicó que disfruta de esos momentos de introspección y que, en ocasiones, encuentra lugares que lo invitan a detenerse y meditar. De esa manera, cada destino adquiere un significado que va más allá de su atractivo turístico.

Una bitácora para seguir el recorrido

Aunque no se define como youtuber ni como bloguero, Ernesto también busca compartir sus experiencias con quienes siguen su aventura desde Argentina y otros lugares del mundo.

Para hacerlo, utiliza principalmente su cuenta personal de Instagram, donde publica fotografías de los sitios que visita y de los momentos que considera importantes. Según explicó, prefiere que sean las propias imágenes las que cuenten la historia del viaje, sin necesidad de hablar constantemente frente a una cámara o realizar extensas publicaciones.

Además, utiliza una aplicación que registra sus recorridos diarios y le permite incorporar fotografías. Esa herramienta funciona como una bitácora digital, pero también le permite a su familia y a otras personas interesadas conocer su ubicación actualizada y seguir sus pasos a la distancia.

Un recorrido que todavía no tiene un rumbo definitivo

Desde Bangkok, Rojo reconoció que la próxima etapa de su aventura todavía presenta muchas incógnitas. A diferencia de otros tramos, en los que podía establecer una dirección general, el sudeste asiático le plantea un escenario más complejo por la cantidad de islas y las distintas alternativas para continuar.

Por eso, explicó que deberá resolver buena parte del itinerario sobre la marcha, de acuerdo con las posibilidades que encuentre en el camino.

Mientras tanto, el salteño continúa sumando experiencias a una travesía que combina historia, paisajes, encuentros culturales y desafíos personales. Con su motocicleta como compañera y la libertad de decidir cada nuevo destino, Ernesto Rojo sigue recorriendo Asia, convencido de que el viaje también se construye a partir de todo aquello que sucede entre un lugar y otro.